pesar de las ventajas comparativas, la actividad apícola en Salta es aún incipiente. Una provincia que tiene gran diversidad de ecosistemas y microclimas, una floración sumamente intensa, ausencia de contaminantes y la posibilidad de hacer todo tipo de apicultura, incluso orgánica. Todo es cuestión de conocer el terreno y tener las posibilidades de aprovecharlo. La geografía montañosa hace que no sea tan sencillo como en la llanura; pero los apicultores han crecido allí y conocen como hacerlo. Además brinda la posibilidad de acceder a mieles que no se dan en otros lados, con características diferenciales en color, sabor, aroma, textura, de excelente calidad con la probabilidad de tener mercado específicos a nivel internacional.

Son mínimos los antecedentes en esta materia, salvo la ley apícola y algunas experiencias relacionas con la floración , productividad, zonas apícolas, que sería interesante recuperar.
La actividad demostró que tiene excelentes posibilidades basadas en la gran cantidad de productos finales que se pueden lograr, lo que en algún momento se limitaba a la extracción de miel hoy avanza hacia la jalea real, el propóleos, el polen y otros.

Hay que ser concientes de que no vamos a ser grandes productores como los de la región sur, pero también sabemos de la importancia y calidad de nuestras mieles. Hablar de 2000 o 3000 colmenas para la gente del sur es más o menos como hablar de 10 colmenas para nuestros apicultores pero las pequeñas cantidades que producimos son reconocida a nivel internacional fundamentalmente por su pureza, color y demás propiedades.
Se estima que hay 150 apicultores en Salta y hay más de 3000 colmenas inscriptas en el registro provincial, con salas de extracción manual, pequeñas donde realizan extracción artesanal; a los cuales se les está brindando asesoramiento y posibilidades de crecimiento a través del Plan Apícola.